De Las Cosas Sencillas...




En ocasiones las cosas más sencillas son las que más disfrutamos, o por lo menos ese en mi caso: Contrario a lo que muchos de ustedes pueden pensar de mí, quien verdaderamente me conoce (osea como 8 personas en todo el planeta tierra) sabe que soy una mujer con gustos bastante básicos, la verdad soy feliz con cosas sencillas: un cuaderno para colorear y crayolas, chocolates, hojas de papel en blanco ¿ven? la verdad es todo lo que necesito para divertirme... Los zapatos son tema aparte ¡amo los zapatos! pero son una colección, las cosas materiales no te definen como persona, si mañana me levanto y ya no están... me daría mucha tristeza, pero, la verdad es que no pasa nada, al final son solo cosas. 

Me encanta ver las puestas de sol, y jugar con el mar, mojar mi ropa y correr como loca persiguiendo olas, me ataco de risa como niña chiquita ¡es lo más divertido del mundo! Siento que tengo ganas de vivir un tiempo en la playa, pero luego me acuerdo que soy hiperactiva y se me pasa, me volvería loca... bueno más loca; en la playa el tiempo pasa lento, no es como la ciudad, la vibra es distinta ¡también por eso amo el DF! es una ciudad que me inyecta de energía (también luego me inyecta de corajes por las manifestaciones, pero bueno, esa es otra historia). En la playa lo único que se me antoja es estar tirada en una hamaca, viendo el mar, y tomando piñas coladas. Osea, no es una buena opción para mí, por lo menos no, de manera permanente. 

Volviendo al tema de que soy una mujer de placeres básicos: Disfruto mucho el tiempo que paso con la gente que me quiere y que quiero, pero ese amor de verdad ¿Saben? no el que sale de dientes para afuera y por conveniencia. Amo pasar largas horas con esa gente que a lo largo de los años me ha demostrado su fidelidad y que literal ha estado en las buenas, y en las pésimas, esas personas que me dicen mis verdades en la cara, que me regañan y me aterrizan, esas personas que también celebran mis éxitos como si fueran suyos y que siempre están pendientes de mí, aunque océanos y continentes nos separen. Son pocos los que me conocen verdaderamente, que me pueden ver sonreír pero que saben que por dentro estoy triste, que me pueden leer perfectamente sin decir una palabra. Creo que todo llega con la edad, creo que uno empieza a darse cuenta de esas cosas con el tiempo, con los golpes y los aprendizajes; conforme crecemos 'y en teoría maduramos' nos vamos dando cuenta que la felicidad es una decisión diaria, no un estado de ánimo. 

Con cariño,

Gina 

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